La reconceptualización de los procesos pedagógicos en nuestro país, iniciada en la década de 1980 a partir del Movimiento Pedagógico Nacional, ha demostrado que es posible implementar un proceso educativo que favorezca una formación integral de los estudiantes. Este enfoque resalta la importancia de considerar tanto las actitudes como las aptitudes de los educandos, lo que resulta esencial para diseñar acciones didácticas que promuevan un aprendizaje duradero y aplicable a la vida cotidiana. En este contexto, la pedagogía constructivista ha sido fundamental para la transformación de las prácticas educativas, ya que se enfoca en el desarrollo de las habilidades de pensamiento de los estudiantes, promoviendo su capacidad de comprensión y resolución de problemas de manera creativa y crítica.
Este paradigma educativo busca reconocer al estudiante como
un ser humano capaz de reflexionar, tomar decisiones conscientes y
responsables, y desarrollar una actitud crítica frente a los conceptos,
experiencias y situaciones que definen su vida cotidiana. En un mundo cada vez
más interconectado y globalizado, donde los avances científicos y tecnológicos
han reducido las barreras de tiempo y espacio, los estudiantes deben tomar
conciencia de sus propios procesos de aprendizaje. Este autoconocimiento les
permite cuestionar lo que aprenden y cómo lo aprenden, desarrollando
estrategias que los orienten en la construcción de su propio conocimiento sobre
el mundo que los rodea.
El concepto de "aprender a aprender" implica un
enfoque centrado en el estudiante, donde este deja de ser un receptor pasivo de
conocimientos para convertirse en un agente activo en la construcción de su
desarrollo humano. Según Frida Díaz (2001), este proceso requiere el uso de
"estrategias flexibles y apropiadas que se transfieren y adaptan a nuevas
situaciones", lo que permite a los estudiantes desarrollar habilidades de
aprendizaje que sean útiles no solo en el ámbito escolar, sino en todos los
aspectos de su vida. De este modo, el proceso educativo se convierte en una
herramienta para potenciar la autonomía, la independencia y el juicio crítico
de los estudiantes.
El aprendizaje, en este contexto, no solo consiste en
adquirir habilidades cognitivas, sino también en comprender la realidad externa
en la que el estudiante se desenvuelve. La combinación de estas dimensiones
permite que los estudiantes interpreten y gestionen la información de manera
efectiva, seleccionándola y aplicándola para resolver problemas en su vida
diaria. Esta capacidad de tomar decisiones basadas en un análisis crítico de la
información se ve reflejada en el desarrollo de su autonomía y en su capacidad
para enfrentar los retos de un mundo en constante cambio.
De acuerdo con Víctor Beltrán Corona (2012), los objetivos
de la educación deben ser los de favorecer el desarrollo integral de la
personalidad del alumno, permitiéndole ser flexible y adaptarse a las
circunstancias cambiantes de su vida, así como dirigir su propio aprendizaje y
ser capaz de contribuir de manera crítica y constructiva a la sociedad.
Aprender a aprender, en este sentido, no solo se refiere a la adquisición de
conocimientos específicos, sino a un proceso continuo de autodescubrimiento y adaptación
a los desafíos del mundo global.
Por tanto, el proceso de aprender a aprender no solo otorga
sentido a las habilidades cognitivas del estudiante, sino que también le
permite transformar su realidad al integrar nuevos saberes en su estructura
cognitiva. Este proceso de construcción y reconstrucción del conocimiento,
basado en la interacción dialéctica entre los actores educativos, facilita la
creación de un conocimiento significativo que es aplicable y relevante para la
resolución de problemas cotidianos.
En conclusión, la transformación de la educación hacia un
modelo que favorezca el aprender a aprender implica un cambio profundo en la
manera en que concebimos el proceso educativo. Al poner énfasis en la reflexión
crítica, la autonomía y la capacidad para adaptarse a nuevas situaciones, este
enfoque permite que los estudiantes se conviertan en individuos capaces de
gestionar su propio aprendizaje y de contribuir activamente al mundo que los
rodea. Tal como señala Díaz (2001), "aprender a aprender" no es solo
una estrategia didáctica, sino una herramienta fundamental para preparar a los
estudiantes para los retos de la vida en una aldea global cada vez más
interconectada.
Referencias
Beltrán Corona, V. (2012). Se está gestando una
revolución de modelos académicos. Recuperado de http://www.anuies.mx/servicios/p_anuies/publicaciones/confluencia/96/7.htm
Díaz B., F. (2001). Estrategias Docentes para el
Aprendizaje Significativo. Caracas: Mc Graw Hill.
SENA, Santander. (2012). Cognición y Aprendizaje:
Aprender a Aprender. Recuperado de http://sena.blackboard.com/webapps/blackboard/execute/displayLearningUnit?course_id=_185146_1&content_id=_12987304_1
Servicio Nacional de Aprendizaje, Santander. (2012). Cognición
y Aprendizaje: La Comprensión. Recuperado de http://sena.blackboard.com/webapps/blackboard/execute/displayLearningUnit?course_id=_185146_1&content_id=_12987342_1